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Capítulo 1, Tesis con Ch’ulel 2010 | Gráfica Maya
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LOS MAYAS Y CHIAPAS

 

1.1. Los Mayas

 

Es sumamente difícil tener un panorama claro sobre la civilizaciónón maya, dadas las tantas incongruencias halladas entre los libros oficiales que difieren también de los sucesivos descubrimientos arqueológicos y a mis experiencias directas con los pintores mayas.

 

Ya el origen es bastante dudoso, dado que no es bien claro cuáles son los elementos que deben ser tomados en consideraciónón. El americano Sylvanus G. Morley, el especialista de los Mayas, autor de The Ancient Maya, publicado en 1946 por la Stanford University Press, sostiene que los tres elementos para definir a la cultura maya son: el arco que comprende la funcionalidad arquitectónica y de ingeniería, la escritura hallada en las estelas de piedra y el calendario de la Cuenta Larga, el solar. A partir de esto, divide el periodo en tres épocas: Preclásica, del 1500 a. C. al 317 d. C.; Clásica, del 317 d. C. al 889; Posclásica, del 889 al 1697, cuando los últimos mayas fueron conquistados.[1] Los nombres de las épocas son todavía aceptados, pero han variado las fechas, debido a los varios descubrimientos arqueológicos o, también, por los simples cambios de los elementos de valoración. Si efectivamente quisiéramos usar la lengua ―la región maya es la más homogénea en este campo dado que son más de 25 lenguas― descubriremos que existen actualmente vivos unos cuantos millones y que, entonces, no son para nada extintos, como algunos erróneamente han pensado.

 

El mismo número de la población maya es un argumento de gran discusión entre los varios investigadores: para Jeremy Sabloff, por ejemplo, eran una aproximada de más de 5 millones en la época clásica.[2]

 

El descubrimiento de 1987 en la costa del pacifico de Chiapas, de varios materiales cerámicos fechados entre el 1900 y 1800 a.C.[3] ha vuelto obsoleta la definición de que la cultura olmeca, la del Golfo de México, famosa por las grandes cabezas de piedra, era la madre de la cultura centroamericana. A esta “nueva” población, que utiliza una lengua mixe-zoque, en el actual municipio de Mazatán, se le ha dado el nombre de «Mokaya», o sea, «Gente de Maíz».

 

Esta forma de nombrar los pueblos es típico de nuestra sociedad. En efecto, maya, olmeca, azteca y mokaya son nombres que hemos impuesto e inventado nosotros, princiapalmente, en el siglo pasado. Por esto, más que cultura olmeca, sería más correcto hablar de un estilo olmeca, como de hecho sostiene Tomás Pérez Suárez, la frontera maya-olmeca no era algo fijo, y en el 1200-500 a.C. gran parte del territorio que ahora consideramos maya era olmeca:[4] en efecto, este periodo está plagado de cerámica y escultura con este estilo.

 

No existía y no era propia la necesidad de la época de auto determinarse por grandes grupos de poblaciones; esta «necesidad» nace simplemente cuando nos hallamos frente a una gran concentración y representación del poder, como el surgimiento de los imperios y de los estados, por ejemplo.

 

Los Mayas, o más correctamente las personas que hablan una lengua maya, en los libros oficiales son mostrados siempre divididos en clases, cuando se podría bien creer que al vivir en pequeñas comunidades independientes, era posible una sociedad donde casi todos eran iguales, hasta la invasión de los bárbaros (pipiles, putunes, mexicas y los aztecas) desde el 700 d. C. en adelante. De hecho, en el otro libro “Los antiguos Mayas”, del francés Alberto Ruz Lhuiller, uno de los mayistas más famosos del mundo, al explicar las tantas y “fundadas” estratificaciones sociales de los mayas, alude a esto dándole poco valor a la hipótesis de igualdad de algunos investigadores como Vogt, Bullard y Willey, definida después poco realista.

 

Hipótesis, que en cambio, por el contacto personal con los mayas y la bien conocida instrumentalización del conocimiento, valido totalmente:

 

Todas las capas de la población gozaban de un nivel de vida más o menos igual y que todos podían acceder al poder. Los fundamentos de tal hipótesis, procedentes de datos etnográficos sobre poblaciones mayas actuales, pueden resumirse así: como en la actualidad, las comunidades agrarias antiguas vivían en aldeas dispersas y sólo acudían al centro ceremonial para las cerimonias religiosas y el mercado: los pueblitos tenían sus propios centros ceremoniales menores y los sacerdotes participaban en la vida de la población a un nivel económico y social. Como ocurre ahora con el sistema de cargos en que los campesinos, rotativamente, desempeñan funciones civiles y religiosas en el gobierno indígena, el acceso a cargos de poder estaría abierto a todos en la época clásica; la procedencia campesina de los dirigentes y su retorno posterior a sus ocupaciones agrícolas facilitaban la construcción de los centros ceremoniales, en vista de que se trataba de obras que todos usufructuaban temporalmente; las necesidades del campesino sólo exigían parte de su jornada y le sobraba tiempo para producir excedentes que le permitían obtener bienes superfluos y vivir a un nivel más o menos semejante al de los demás. El sacerdote maya no requeriría para el desempeño de sus funciones de mayores conocimientos que los que se piden ahora a los campesinos llamados a ocupar un cargo; en conclusión, la sociedad maya clásica no estaba estratificada y ninguna clase dominaba políticamente ni explotaba económicamente a la mayoría campesina.[5]

 

El famoso libro de Ruz continua mostrando la cultura maya, diferente a como es escuchada y vista con el maestro Antún. En pocas palabras, es la clásica reconstrucción de la historia, o sea, de la memoria colectiva en función de la actual clase política y económica capitalista y neoliberal. Texto que, prácticamente, no habla de toda la cosmología y cosmogonía y, sobre todo, de los 4 elementos fundamentales de la cultura/religión maya: el Sol, la Tierra, el Agua y el Viento (aire), que, en cambio, se degradan a divinidades populares de poca importancia.[6]

 

En el mencionado libro de S. Morley, la dualidad maya (Fig. 1), que es la base de la espiritualidad, del alma y de la energía, es decir, del Ch’ulel, viene banalmente confundida con la presunta eterna lucha entre el Mal y el Bien:[7] una cosa es la lucha, y otra la complementariedad.

 

Entre los mayas clásicos, antes de la llegada de los bárbaros aztecas, no hay evidencia de guerras; de hecho, nunca se han encontrado armas o muros de defensa, pues, sencillamente, no existía el sentido de la conquista. La tierra no pertenecía a ninguno, más bien, era y es considerada sagrada y, como tal, en repetidas ocasiones se le daba las gracias por los dones que produce. Con la imposición del pago de tributos es por demás fácil imaginar la violencia que pudo generar el hecho de que alguien se negase a pagarlo.

 

La idea general sobre los mayas que prevalece entre los principales libros es siempre uniforme entre la gran civilización de una parte y de la otra la población, presentada en cambio como prehistórica, ignorante, desnuda, salvaje, primitiva, atea, sacrificadora, diabólica, bruja, pagana y demás calificativos negativos.

 

Como es, en cambio, posible dividir las dos cosas? Para rendirles justicia citaré una parte del libro “Calendario Maya” de Edgar Cabrera de la «Liga Maya Guatemala» de 1995:

 

Los antepasados fueron maestros de la matemática, de las ingenierías, midieron la tierra y el cosmos, filosofaron sobre todo lo que los rodeaba, crearon arquitectura simulando las formas divinas del universo, desviaron las aguas, se enamoraron de la genética, pintaron sus gigantescos muros, moldearon la piedra, inventaron el papel y la escritura, embalsamaron los cuerpos de las mujeres y hombres señalados, elevaron la productividad de la tierra, hicieron grandes carreteras cementadas, cortaron los cerros, levantaron pirámides, establecieron mercados en plaza soleadas bajo gigantescas ceibas, conocieron los cursos de las aguas del Caribe, del Pacífico y Atlántico, navegaron por los ríos, erigieron gigantescas ciudades, inventaron el cero y dieron valoración a los signos por su posición, amaestraron el caucho, crearon  deporte, fueron maestros en el teatro y la música, inventaron el tun, la chirimía, crearon y amaron la marimba, son padres y hijos del maíz, respetaron el hombre y a la mujer, convivieron con las ideas ajenas, defendieron el medio ambiente, desarrollaron la metalurgia, incursionaron en la química, la física y muchas otras más, pero siempre lo hicieron sin olvidar honrar su espiritualidad y las energías cósmicas. No hay método científico materialista en nuestra mentes. Llegamos a la ciencia, a la técnica y al arte por el camino más fácil: el camino del misticismo. Entendemos a la Divinidad como espíritu, lleno de energía, que se transforma en materia, y como materia que a su vez se convierte en espíritu.»[8]

Estos argumentos espirituales pueden dejar a un materialista occidental un poco perplejo, pero por llevarlo a temas más «modernos» agrego que todo esto lo lograron con la «vulgar» economía del trueque. La civilización maya es así un fantástico ejemplo de cuáles niveles de complejidad y desarrollo puede alcanzar una sociedad en ausencia del dinero.

 

De hecho, las monedas para ellos eran de chocolate. Todos los productos, mercancías, objetos, animales, etcétera, tenía su contravalor en semillas de cacao. El uso de tales semillas se daba en el trueque cuando el cambio no era equitativo y así los usaban cuando no igualaban el valor. De este modo, las semilas de cacao tenían tres grandes méritos: volver mucho más práctico y eficiente el cambio (como el dinero de hoy en día), ser un producto de consumo para hacer el mejor chocolate y, sobre todo, en su función de medio de intercambio, no tenía el molesto problema de la pérdida del valor nominal,[9] triste realidad de nuestros días.[10]

 

Es normal, entonces, que nazca la duda: ¿Son los mayas anacrónicos, arcaicos, primitivos y prehistóricos? ¿Ha quedado algo sobre ellos? ¿Este nuestro sentido de superioridad es verdaderamente justificado?

 

En matemáticas, por ejemplo, nosotros más alla del cero (inventado por ellos mucho antes) utilizamos 9 cifras de números del 1 al 9, mientras ellos más del doble, al representar 19 cifras, del 1 al 19, simplemente con el punto y la línea. Esto implica una mayor facilidad al manejar grandes cantidades, porque si para nosotros una cifra al segundo nivel va multiplicada por 10, al tercer nivel por 100 (10 x 10), y al cuarto por 1000 (10 x 10 x 10), ellos, en cambio, al segundo nivel lo multiplican por 20, luego por 400 (20 x 20), enseguida por 8000 (20 x 20 x 20) y a crecer por 20. De hecho, es más rápido contar dos que uno a la vez, inténtenlo.

 

El descubrimiento de América en 1492 se podría también llamar la sepultura de Abya Yala[11] (así el Continente Americano es denominado por las poblaciones nativas) por la masacre cometida en el nombre de la sed de poder.

 

El conocimiento de la historia del continente americano que tenemos nosotros los occidentales se podría simplemente resumir en el nombre de la península de Yucatán: la habemos denominado así cuando el significado de tal palabra en maya yucateco es «no te entiendo».

 

Con esta tesis me gustaría hacerles conocer algo diferente, y a través del arte, ojalá, despertar su conciencia y espiritualidad, o sea, su Ch’ulel.

 

1.2. Chiapas

 

El estado de Chiapas, con sus 74, 211 kilómetros cuadrados (casi el 4% del territorio nacional) ocupa el octavo lugar en la federación de los Estados Unidos Mexicanos, que colinda de oeste a este con los estados de Oaxaca, Veracruz y Tabasco, además de formar gran parte de la frontera común con la República de Guatemala al sureste.[12]

 

Por la gran variedad geográfica y climática y por la enorme diversidad de paisajes, latitudes y vegetación, se divide convencionalmente en siete macroregiones, cada una con características específicas y uniformes, que son las siguientes: la Llanura Costera, la Sierra Madre de Chiapas, la Depresión Central, el Altiplano Central, las Montañas del Este (o Selva Lacandona), las Montañas del Norte y, finalmente, dos fajas de la Llanura del Golfo.[13]

 

Hay que subrayar el hecho de que, justamente, gracias a esta diversificación y a su posición tropical, Chiapas posee importantes riquezas en cuanto a fauna y flora, además de abundantes recursos de diversos tipos, como yacimientos de petróleo y gas natural, maderas preciosas, el sistema hidráulico más grande de México y enorme capacidad de producción agrícola y cría de animales, entre los principales.[14]

 

A estos datos hacen eco los negativos: aquellos que colocan al estado de Chiapas en los últimos lugares del escalafón nacional: pobreza de los salarios (19% de los ocupados no gana nada, el 40% percibe menos del salario mínimo, el 20% menos de dos salarios mínimos); retraso educativo y analfabetismo (30% de la población mayor de 15 años y el 54% de la población indígena es analfabeta y sólo el 71% asiste a la escuela entre las personas en edad escolar, hay una grave escasez de estructuras y materiales); viviendas precarias (49% de las casas tienen sólo un piso de tierra, el 41% no tiene abastecimiento de agua, el 75% no tiene cloacas y drenaje), la salud (menos de un quinta parte de la población tiene el derecho de asistencia de seguridad social, la tasa de mortalidad es el 12% más alto que el promedio nacional y las principales causas de muerte son las infecciones intestinales, tracto, la desnutrición y otras enfermedades curables generalmente); diarias violaciones de los derechos humanos.

 

En un contexto caracterizado por una estructura económica dominada claramente por el sector primario (especialmente la agricultura, seguido de la ganadería en auge en los últimos años), con un 57% de la población activa empleada, frente al sector de los servicios con un 27% (principalmente turismo) y el secundario con sólo el 11%.

 

A todo esto, siendo el estado un proveedor de productos agrícolas de exportación, es muy afectado por las fluctuaciones en los precios internacionales de estos productos y, por lo tanto, sufre de grande fragilidad y dependencia. En Chiapas, también, la proporción de los propietarios de los grandes capitales respecto a las masas desposeídas es aún más desequilibrada y aterradora que en el resto del país, donde ya hay una discrepancia significativa con cerca de mil familias que controlan más o menos el 95% del capital en circulación. En esencia, Chiapas presenta una tasa de exclusión entre los más alto de México y la mayor parte de la población más afectada es, sin duda, indígena, que tiene que vivir en las condiciones más desesperadas, acumuladas a lo largo de siglos de injusticia, racismo y depredación.



[1]  MORLEY Sylvanus G.  La civilización Maya, Fondo de Cultura Económica, México [1946] 1947, p. 54.

[2] SABLOFF Jeremy, La civilización maya en el tiempo y el espacio, in P.Schnildt, M. de la Garza y E. Nalda coordinadores, I Maya Landucci editor Italia, [1998]1999, p. 69.

[3]  DE VOZ Jan, Nuestra Raíz,  Clio, México, 2001, p. 63.

[4]  PEREZ SUAREZ Tomás, Los mayas y su vecinos olmecas in P.Schnildt, M. de la Garza y E. Nalda coordinadores,  Op. cit., pág. 79.

[5]  RUZ LHUILLER Alberto, Los antiguos mayas,  Fondo de Cultura Económica,  México 1981, pág. 23,24.

[6] Ibíd. pág. 46, 47.

[7] MORLEY Sylvanus G., Op. cit., p. 205.

[8] CABRERA Edgar,  El Calendario Maya,  Ediciones Liga Maya, Costa Rica 1995 pág. 141, 142

[9] ALVAREZ QUIÑONES Francisco, El sistema alimentario de los mayas, Sna Jtz’ibajom, Cultura de los Indios Mayas, A.C. FOCAMAZ-UNICH México, 2010 pág. 45

[10] El dinero se originó como una unidad de medida es en la actualidad la mejor herramienta de control social, político y económico.

[11] CABRERA Edgar, op. cit., p. 21

[12]  Calendario Atlante De Agostini, Novara, 2002.

[13] RAMOS MAZA Roberto, Chiapas: geografía de la transición,  in María Luisa Armendáriz (compiladora), Chiapas, una radiografía, Fondo de Cultura Económica, México,1994, p. 24.

[14]  Ibidem, pp. 21,22,34,40.

 

 

VUELVE A LA TESIS CON CH’ULEL

 

 


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